
En ésta sección simplemente copio y pego aquellos trabajos que me gustaron, que me sorprendieron, y que no se pueden dejar pasar. Porque el talento no se cotiza en bolsa. Sino en el alma y en el corazón. Ambos, son un buen escondedero de cosas preciosas como éstas...
Rafael León Rodríguez
Soy poca cosa. Una imperceptible y minúscula porción del alma dolida de los más de seis mil millones encadenados a este mundo terminal y desalmado. Alguien, casi nadie, sin importancia; un anónimo desconocido ya algo cansado de no ganar ninguna de sus siempre pacíficas batallas, pero empeñado en seguir nadando a contracorriente hasta haber agotado sus últimas fuerzas, aun irredento tras las últimas, las definitivas pero indestructibles barricadas, tras el convencimiento de que la resistencia tarde o temprano terminará por ser fértil. Sólo un sobreviviente, un cero a la izquierda, pero obstinado en tratar de continuar unido, uniéndose, a todos aquellos que, como Benedetti, todavía opinan que mientras “el cero a la derecha junta millones, el cero a la izquierda funda utopías”Y en mantener la esperanza de que las utopías, la Utopía, al contrario que esta pavorosa, vieja y agónica quimera que, pegajosa, nos cautiva, siempre serán posibles. Ya veis, soy poca cosa, casi nada, pero podríamos ser mucho, casi todo. HAY UNA MUJER ...
... que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.
De José Martí...
Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni oruga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.
Este es un espacio muy especial: Armando Tejada Gómez. Cuando lo descubrí yo era una adolescente, y él alguien tan lejano como todos los poetas. Por entonces yo creía que ellos estaban colgados de las estrellas. Su libro: Profeta en su tierra, y el poema "Hay un niño en la calle" Quién me iba a decir que un día conocería a mi esposo, que era amigo de él, y que me prometía presentármelo. Descolgarlo de las estrellas? Un día, Armando nos invitó a su casa, y pude ver de cerca a un poeta, cubierto de polvo de estrellas. Otro día él me invitó a tomar un café en el Café de la Paz. Y fue la última vez.
Una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de una anciana y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.
Una mujer, que si es ignorante, descubre con más acierto los secretos de la vida que un sabio, y si es instruída se acomoda a la simplicidad de los niños.
Una mujer, que siendo pobre se satisface con los que ama, y siendo rica, daría con gusto sus tesoros por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.
Una mujer que siendo vigorosa, se estremece con el llanto de un niño, y siendo débil se reviste a veces con la bravura de un león.
Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta daríamos todo lo que poseemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.
De esa mujer no me pidas el nombre, si no quieres que empape en lágrimas el pañuelo... esa mujer yo la vi por el camino. Es mi madre!
De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas vuestro album, porque ya la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos leedles esta página y ellos, cubriendo de besos vuestra frente os dirán que un humilde viajero ha dejado aquí, para ti y para ellos, un boceto del retrato de su madre." Autor: Ramón Angel Jara, Obispo chileno y canónigo argentino
Si, soy su admiradora, y más: creo que no había límite en las alturas para él. Me dijo: soy analfabeto. Si, porque considerando que un analfabeto es alguien que nunca fue al colegio, eso soy.
Si no lo conoce, mire: Ud. no sabe qué es un poeta, perdóneme.
Si no lo lee, Ud. aún no ha llegado a amar las palabras.
Armando es la traducción de la palabra POESÍA.
ORACIÓN A LA BANDERA
Quédate en el cielo, amor,
no bajes.
Aquí abajo,los grises
son tan grises
que, de algún modo gris,
van a ultrajarte.
Y sos tan linda allá,
tan nomeolvides,
-simple ademán de madre
por el aire-
que si caes, amor,
con la ternura
con que caen las hojas
de los árboles;
si llegas a caer,
acaso nunca
vuelvas a ser tan cielo
ni tan madre.
Déjanos a nosotros,
los humildes,
los que nunca te usamos
ni abusamos de tu inmenso
silencio planetario,
que cuidemos la altura
donde habitas,
celestemente hermosa,
como el aire.
Déjanos a nosotros.
De los otros,
es piadoso no hablarte.
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