
Estos apuntes no son verdades absolutas, de ningún modo.
Son un pensar en voz alta, y los pensamientos que surgen luego de 15 años de haber intentado conocer a Dios (lo que solo es un intento) y dar a conocer su poder (lo que es irrefutable)
Es también llevar a la escritura algunos temas que producen polémica. La cual no es para nada una confrontación ni un pecado, como suele considerarse. Sino usar del razonamiento, con que nos dotó el Señor, en un intento de arribar a algunas conclusiones.
Siempre consideré que si Dios nos dio libre albedrío, por algo será. Esa libertad puede hacernos equivocar, y no está del todo mal. Porque nunca he conocido quien no se equivoque, quien no cambie su modo de pensar, quien no se arrepienta de algo, quien prejuzgue lo que no debió prejuzgar, quien haya pasado por la vida de manera intachable.
Solamente Jesús tuvo un plan y lo cumplió.
El resto, nosotros, somos sus pequeñitos. El es el maestro y nosotros aprendemos lo que podemos, según nuestras capacidades y nuestra sensibilidad para dejarnos aconsejar por el Espiritu Santo.
De una cosa estoy segura: esto de ser cristiano tiene una sola dirección y es contra la corriente. Quien se mete en el rebaño y a todo dice amen, no es un buen cristiano sino un cómodo integrante de una comunidad cristiana. Jesús no dijo a todo amen. Es más: dio vuelta todo un sistema religioso.
Nosotros, en la medida que nos dejemos arrastrar por una doctrina cómoda, y nos quedemos de brazos cruzados y de boca cerrada frente al avance de un evangelio de oferta, que controla cada movimiento y cada pensamiento, que anula la personalidad y promueve el silencio, que fabrica líderes y no encuentra siervos, nos pareceremos cada vez más a aquellos fariseos fabricantes de una religión.
A veces me parece imaginar a Jesús entrando a nuestras iglesias, yendo a los canales y las radios, y diciendo esas palabras tan duras que no me atrevo a repetir.
Levántate, tú que duermes.
No importa si eres el pastor de tu iglesia o el portero que recibe a la gente. No importa, porque sea cual sea el lugar que ocupes no lo tienes asegurado de por vida. Dios te usará el tiempo que considere necesario. No eres dueño de nada, por tanto, nadie te asegura los primeros asientos. Todo lo que tienes, y a todo lo que has llegado, no olvides que no es por tus méritos, sino por la misericordia de Dios. Olvidarlo, es perder la dimensión de tu estatura frente a El. Pisar la soberbia y por tanto, la necedad.
Decir de si mismo Doctor en Divinidad, profeta, apóstol, obispo, y mil cosas parecidas, no es más que mirar la iglesia desde lo alto. Buscar el reconocimiento, y más: treparse a la vanidad. Si Jesús, siendo Dios, no se aferró a ninguno de esas etiquetas rimbombantes, y fue maestro y pastor, está bien claro que hay quienes consideran que ser simplemente esto, les queda chico.
Las palabras más tristes de toda la Biblia son para mí las que dijo el Señor: NUNCA OS CONOCÍ.
Que El nunca tenga que decirlo de nosotros. Y que nosotros podamos ayudar a quienes aún no lo entienden.

